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Finalmente
Nápoles se liberó del retículo de lugares comunes y de prejuicios,
que durante tanto tiempo la tuvieron atada, y se convirtió en meta
obligada de turistas de todo el mundo y en una de las ciudades de
arte italianas más hermosas y, justamente, más apreciadas. No se puede
hacer una lista, ni siquiera un compendio, de todo lo que se puede
ver en Nápoles, y es difícil hasta describir el panorama y las calles
con árboles de la colina de Posilippo, a cuyos pies está el muelle
de Marechiaro, donde pueden encontrar pescadores que les acompañarán
a realizar una jornada inolvidable. Intentaremos, por lo menos, contarles
lo que pueden ver durante el paseo que les llevará al muelle de Marechiaro:
Pasarán al lado de restos romanos y, seguramente, se pararán en la
famosa "Finestrella" ( ventana ) para sacar una fotografía y admirar
el paisaje incomparable de un mar al que, un juego de corrientes marinas,
convierte en limpio y transparente. Una vez en barca, se asombrarán
viendo la escollera que cae a pico sobre el mar, con la toba que señala
los trazados de las vías y de los acueductos antiguos, o más simplemente
que se usa como material de cantera. Navegando cerca del Capo Posillipo
pasarán al lado de las ruinas sumergidas de una antigua villa romana
que entraba en el mar y, en la costa, podrán ver el edificio romano
mejor conservado y más sugestivo de la zona, el Palazzo degli Spiriti
( la Casa de los Espíritus ), una construcción de dos pisos, en parte
sumergida. Entre las especialidades gastronómicas napolitanas es hasta
banal mencionar la pizza, y, sin embargo, comer una con anchoas y
alcaparras, es siempre una experiencia memorable. Un plato más complicado
son las anchoas "in tortiera", preparadas con tomate fresco, pan rallado
y queso de oveja, sazonadas con orégano, perejil y ajo.
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