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Stintino
nació en 1885, cuando en la Isla de la Asinara se construyó una cárcel
y los agricultores sardos y los pescadores genoveses, que hasta entonces
habían vivido allí, tuvieron que dejar sus viejas casas y construir
otras nuevas en el promontorio de Capo Falcone. De todas maneras,
se adaptaron enseguida y supieron aprovechar la favorable morfología
de la costa construyendo un puerto - Minori (pequeño) - en una de
las dos ensenadas por las que se extiende el pueblecito y, después,
añadiéndole otro - Mannu (grande) - en la segunda ensenada. Paseando
por el pueblo respirarán el aire de los antiguos burgos marineros
y, seguramente, quedarán asombrados por las bellezas naturales que
pueden admirar durante su paseo en barca. El agua del mare es de color
turquesa y transparente, el bosque mediterráneo es frondoso y llega
casi hasta donde lo mojan las olas del mar: No será fácil olvidar
la playa de la Pelosa. Protegida por los farallones de Capo Falcone,
de la Asinara y de la Isola Piana, frente a la islita y a la torre
aragonesa del siglo XVI que le da el nombre, la Pelosa es la quintaesencia
de las bellezas naturales que cada uno imagina encontrar en Cerdeña.
Poco distante, podrán circunnavegar la Isola Piana, a la que hace
siglos se llevaba el ganado a pastar, haciéndole vadear el pequeño
brazo de mar que separa la isla de la costa. De regreso al pueblecito
es obligatorio visitar el Museo della Tonnara ( almadraba ), donde
se conservan imágenes, documentos y objetos que el visitante encuentra
expuestos siguiendo el criterio mismo de la almadraba, partiendo de
la cámara grande hasta llegar a la cámara de la muerte ( obviamente,
la última sala). Si visitan Stintino a finales de agosto podrán asistir
a, o participar en, la regata de la Vela Latina, la manifestación
italiana más importante dedicada a este tipo de vela que escribió
la historia de la marinería mediterránea.
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